Un índice es una herramienta estadística con valores entre 0 y 1 que permite comparar resultados, entregar información de corto y mediano plazo, y medir el comportamiento de la efectividad de un programa.
La multidimensionalidad del índice parte de la premisa de que la efectividad no depende de una sola variable, sino de la combinación de varias dimensiones que, en conjunto, robustecen la toma de decisiones con evidencia. Al observar series de tiempo en este conjunto de dimensiones es posible identificar nudos críticos y abordarlos de forma anticipada.
La efectividad es la capacidad de respuesta de un programa, iniciativa o proyecto frente a problemas sociales complejos: un programa efectivo cumple el propósito para el cual fue diseñado.
El Índice Multidimensional de Efectividad (IME) es un sistema de medición que, a través de 8 dimensiones, activa el potencial de mejoramiento e innovación de los programas al evaluar su nivel de efectividad. Este índice permite que los equipos de las organizaciones auto observen el programa y tomen decisiones orientadas a fortalecer su calidad.
El IME fue diseñado originalmente para medir la efectividad de programas sociales de infancia, específicamente de residencias. Posteriormente se realizó un proceso de homogeneización de sus indicadores y de validación académica, con el fin de contar con un sistema de medición aplicable a distintos contextos programáticos.
Esto ha permitido evaluar programas enfocados en servicios hospitalarios y programas de infancia ambulatorios, además de desarrollar prototipos para programas empresariales de sostenibilidad, entre otros.
Por tanto, el IME permite medir la efectividad multidimensional y generar trayectorias de mejora e innovación con propósito público para programas del Estado, la sociedad civil, empresas y universidades.
El IME es una innovación con propósito público: evalúa la capacidad de respuesta de los programas frente a problemas sociales complejos y permite implementar mejoras concretas para hacerlos más efectivos. Saber qué, cómo y cuánto funciona un programa —y dónde ajustarlo— es clave para aumentar la calidad de la oferta dirigida a la población hacia la que se orientan los esfuerzos públicos.
Este proyecto contribuye a esa agenda de protección a través de una tipología de alerta y efectividad (TAE) que interpela a los sistemas, observando sus fallas. Así, esta innovación se transforma en un mecanismo que hace más probable la existencia de políticas públicas y programas, públicos o privados, que auto-observen sus riesgos.